Injusticias, injusticias….Hay tantos tipos de injusticias… No deberíamos meterlas todas en el mismo saco. Unas de ellas son prácticamente inevitables… ¿es justo acaso la enfermedad incurable de un niño, una malformación, un accidente fortuito, un terremoto? Debemos acostumbrarnos a que nuestro mundo conlleva muchas cosas injustas.
domingo, 10 de agosto de 2008
El coste del carné de conducir: grandes diferencias de precios

La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ha presentado un estudio para saber cuánto les cuesta a los alumnos obtener el permiso de conducir tipo B en 147 autoescuelas de 16 ciudades españolas. Se trata de Badajoz, Barcelona, Bilbao, Burgos, Córdoba, La Coruña, Madrid, Oviedo, Palencia, Palma de Mallorca, Pamplona, Puertollano, San Sebastián, Sevilla, Santa Cruz de Tenerife y Valencia. Según el análisis de los datos y por unos servicios similares, Pamplona se erige como la ciudad más cara de España con una diferencia del 210% en relación a la más barata, La Coruña. Por otro lado, en Madrid, la diferencia que existe entre las autoescuelas más económicas y las más caras es de unos 500 euros.
El estudio se ha llevado a cabo teniendo en cuenta la gran repercusión del último análisis de autoescuelas de 1995 en el que, a instancias de una denuncia de OCU, el Tribunal de Defensa de la Competencia empezó a estudiar la posibilidad de que las autoescuelas de las ciudades de Bilbao, Burgos, Córdoba, San Sebastián, Pamplona, Puertollano y Terrassa hubiesen pactado los precios. El análisis descubrió que las diferencias de precio entre unas ciudades y otras eran enormes, las tarifas eran tan confusas que, muchas veces, el alumno no podía saber cuánto pagaría exactamente hasta no haber obtenido el permiso. Además existían indicios de que las autoescuelas de las ciudades donde más caro resultaba sacarse el permiso de conducir habían pactado los precios, dejando sin elección al consumidor. Ahora, siete años más tarde, las tarifas de unas y otras ciudades siguen presentando diferencias abismales, pero, al menos, las sospechas de precios pactados han desaparecido en parte de los lugares donde había indicios de una manipulación de la competencia, por más que persista en otros
Para el conjunto de ciudades estudiadas, el precio medio para obtener el permiso de conducir es de 798 n para el "alumno 1", que toma 25 clases prácticas y aprueba los exámenes teórico y práctico a la primera, y de 1.214 n para el "alumno 2", con 35 clases prácticas, el teórico a la primera y el práctico a la tercera.. Sin embargo, si se observa lo que ocurre en cada ciudad particular, se pueden apreciar grandes diferencias.
En Pamplona, que es la ciudad más cara del estudio, los precios suben, por término medio, hasta los 1.156 y 1.574 , para el alumno 1 y 2 respectivamente. En La Coruña, que es la ciudad más barata con diferencia, para obtener el permiso bastan, por término medio, 458 y 713 . Por lo tanto el alumno pagará más del doble en Pamplona que en La Coruña, por unos servicios similares.
Diferencias entre autoescuelas.
En buena parte de las ciudades estudiadas, la elección entre las distintas autoescuelas puede suponer un gran ahorro. Si se hace una primera estimación se observan, por ejemplo, unos 500 n en Madrid; 400 en Burgos, entre 200 y 400 en Barcelona, Córdoba y San Sebastián; 100 largos en Bilbao, Sevilla o Valencia.
Aunque las autoescuelas opinan que los precios no son tan importantes como la calidad de la enseñanza que se ofrece a cambio, es poca la información que el alumno puede barajar para medir dicha calidad. Las autoescuelas no suelen hacer públicos sus porcentajes de aprobados y, cuando los facilitan (lo hizo menos de un tercio de las estudiadas por la OCU), no tienen más aval que el de la propia autoescuela y suelen sobrepasar ampliamente los porcentajes que facilita la Dirección General de Tráfico para la provincia correspondiente a dichas autoescuelas.
Tampoco es fácil saber con exactitud el número de clases que cada academia estima necesario para aprobar, pues aunque por término medio se recomiendan 28, hay quien habla hasta de 60.
Los efectos de la denuncia de precios pactados.
A mediados de 1998, se anunció el sobreseimiento de todos los casos del estudio realizado en 1995 por falta de pruebas. Aún así, la denuncia de la OCU tuvo efectos inmediatos y los precios empezaron a diferenciarse rápidamente en ciudades como Córdoba, Burgos (que además se ha abaratado desde entonces), Bilbao o San Sebastián (que por desgracia siguen siendo de las más caras).
Actualmente, la OCU no ha encontrado indicios de una manipulación de la competencia; sin embargo, en Puertollano, la similitud de precios se perpetúa (aunque al menos las tarifas no han subido en los últimos 7 años). Badajoz y Oviedo, que no eran sospechosas en el pasado, presentan ahora un cortísimo abanico de precios y han incrementado en mucho sus tarifas (en Oviedo, han subido un 70% desde 1995 y, en Badajoz, un 52%).
Por eso, la OCU ha puesto el resultado de este estudio en conocimiento del Tribunal de Defensa de la Competencia, por si éste juzgara necesario vigilar la evolución de la competencia en estos lugares.
El estudio completo sobre las autoescuelas aparece publicado en el número de julio de la revista OCU-Compra-Maestra de OCU, nº 262 (julio-agosto 2002).
La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) nació en 1975 cuando el abogado madrileño, Antonio García-Pablos puso en marcha el movimiento de consumidores de España. La OCU es una organización sin ánimo de lucro inspirada en las que ya existían en el Norte de Europa. Actualmente OCU forma parte de la estructura internacional Euroconsumers-CONSEUR integrada por las asociaciones hermanas de Bélgica (Asociación Belga de Consumidores-Test Achats), de Italia (Altro Consumo), Portugal, (DECO), Francia (ESTCF-GSCB) y Luxemburgo. Todas ellas engloban un total de más de un millón de familias asociadas.
LA POBREZA EN ESPAÑA
Testimonios de tres madres de familias que viven en barrios de chabolas en Madrid
Como Lola dice : “No es lo mismo criarse en un barrio rico, que ya de por sí tienes un acento, una cultura y todos los medios, que en un barrio marginal que te hace ir con la cabeza agachada como con vergüenza, como que te sientes inferior a otra gente por tener menos y por vivir en ese barrio.”
Y Beatriz opina: “Vivo en un barrio donde hay mucha droga y tengo miedo de que mis hijos se pueden enganchar. Quiero lo mejor para mis hijos pues yo no sé leer ni escribir y creo que es importante. Vivo en un barrio en el que no puedo salir de mi casa, por la droga, pues si me voy de mi casa, me roban, se llevan todo lo que tengo y me dejan la casa destrozada. Siempre tiene que haber alguien dentro, mi casa sola no se puede quedar.
En mi barrio se ven muchas cosas pero aquí nadie te escucha. Todo el mundo sabe que hay mucha droga aquí pero se hacen los tontos, la quitan de la vía pública y la traen aquí que somos cuatro vecinos. Me da vergüenza decir que vivo en este barrio. Cuando fui al hospital con mi hija, dije : “vivo en un barrio de chabolas pero no vendo droga.”
Cuando Mercedes habla de los trabajadores sociales, dice: “Si además de no tener a nadie que te apoye, vas a pedir ayuda a la Asistente Social y te la niega, sabiendo las condiciones en que vivíamos en una chabola de madera y mi marido enganchado a la droga, me sentía muy sola. No tenía su apoyo y además tenía miedo de ir a verla y que me quitasen a mis hijos. Te anima más una charla con ella o que te invite a tomar café que recibir dinero”.
Lola añade: “Cuando pasamos tiempos muy difíciles en nuestra familia la solución que nos daban era quitarnos a los hijos, no confiar en nosotros, sus padres.
Nos gustaría que cuenten con nosotros como padres para buscar soluciones juntos y encontrar qué es lo mejor para nuestros hijos, para nuestras familias, que nos den un voto de confianza”.
Mercedes está trabajando ahora y vive en un piso. Pero su vida sigue siendo difícil. Dice: “Tengo 10 hijos. Aunque soy más rica que antes, y eso que no tengo nada, no he sacado a mis hijos de la pobreza, porque mis hijos no son ricos, ni yo tampoco. Antes vivía en una chabola de madera, no tenía para comer, mis hijos iban con zapatillas que me daban, a veces rotas, y me daba vergüenza. Sin embargo ahora, si no es un mes, es otro, cuando necesitan zapatillas yo se las compro, pero eso no quiere decir que yo haya sacado a mis hijos de la pobreza.
Pero sí que estoy orgullosa de sacar a mis hijos adelante aunque tengo que salir de casa a las cinco de la mañana para ir a trabajar. Quiero que mis hijos vayan con la cabeza alta.
Mi primer día de trabajo ya me relacioné con todas mis compañeras. A medida que pasaban los días, ellas me ayudaban, me enseñaban a trabajar, a coger el metro. No me miraban por encima del hombro, me trataban como una de ellas. Y yo pensaba: “Yo soy igual que ellas, ¿por qué voy a tener que ir con la cabeza agachada?”. Empecé a arreglarme, me corté el pelo, me pintaba. Nunca lo había hecho.
Muchas veces miro para atrás y pienso en todo lo que me he perdido. Durante muchos años he vivido entre cuatro paredes, sin saber que este mundo existía.
Muchas veces cuando voy sola andando por el camino, pienso: “uy, me siento ligera, con ganas de vivir”. Me entra tanta alegría de decir: “Dios mío, he conseguido lo que nunca he tenido”.
No he salido de la pobreza todavía, pero he dado un paso adelante.”
Lola comparte su experiencia, y dice : “¿Por qué no me cogen para un trabajo si tengo dos manos? Nadie confía en ti, y te acabas marginando a ti misma. Mi hermana confió en mi y tuve un trabajo durante algunos meses. ¡Qué ilusión tener compañeras de trabajo!. Hubo un cambio radical en mi vida. Un trabajo es importante para uno mismo porque te encuentras con otros, te sientes útil.”
Beatriz habla de la ayuda que da a las personas drogadictas que le piden un vaso de agua o un café. Dice: “¿ por qué me voy a beber yo el café si puede calentar a otra persona que lo necesita?. Me siento útil con eso, me ayuda a mi. Ojalá el rico se diera cuenta del cariño que da el pobre”
Como Lola dice : “No es lo mismo criarse en un barrio rico, que ya de por sí tienes un acento, una cultura y todos los medios, que en un barrio marginal que te hace ir con la cabeza agachada como con vergüenza, como que te sientes inferior a otra gente por tener menos y por vivir en ese barrio.”
Y Beatriz opina: “Vivo en un barrio donde hay mucha droga y tengo miedo de que mis hijos se pueden enganchar. Quiero lo mejor para mis hijos pues yo no sé leer ni escribir y creo que es importante. Vivo en un barrio en el que no puedo salir de mi casa, por la droga, pues si me voy de mi casa, me roban, se llevan todo lo que tengo y me dejan la casa destrozada. Siempre tiene que haber alguien dentro, mi casa sola no se puede quedar.
En mi barrio se ven muchas cosas pero aquí nadie te escucha. Todo el mundo sabe que hay mucha droga aquí pero se hacen los tontos, la quitan de la vía pública y la traen aquí que somos cuatro vecinos. Me da vergüenza decir que vivo en este barrio. Cuando fui al hospital con mi hija, dije : “vivo en un barrio de chabolas pero no vendo droga.”
Cuando Mercedes habla de los trabajadores sociales, dice: “Si además de no tener a nadie que te apoye, vas a pedir ayuda a la Asistente Social y te la niega, sabiendo las condiciones en que vivíamos en una chabola de madera y mi marido enganchado a la droga, me sentía muy sola. No tenía su apoyo y además tenía miedo de ir a verla y que me quitasen a mis hijos. Te anima más una charla con ella o que te invite a tomar café que recibir dinero”.
Lola añade: “Cuando pasamos tiempos muy difíciles en nuestra familia la solución que nos daban era quitarnos a los hijos, no confiar en nosotros, sus padres.
Nos gustaría que cuenten con nosotros como padres para buscar soluciones juntos y encontrar qué es lo mejor para nuestros hijos, para nuestras familias, que nos den un voto de confianza”.
Mercedes está trabajando ahora y vive en un piso. Pero su vida sigue siendo difícil. Dice: “Tengo 10 hijos. Aunque soy más rica que antes, y eso que no tengo nada, no he sacado a mis hijos de la pobreza, porque mis hijos no son ricos, ni yo tampoco. Antes vivía en una chabola de madera, no tenía para comer, mis hijos iban con zapatillas que me daban, a veces rotas, y me daba vergüenza. Sin embargo ahora, si no es un mes, es otro, cuando necesitan zapatillas yo se las compro, pero eso no quiere decir que yo haya sacado a mis hijos de la pobreza.
Pero sí que estoy orgullosa de sacar a mis hijos adelante aunque tengo que salir de casa a las cinco de la mañana para ir a trabajar. Quiero que mis hijos vayan con la cabeza alta.
Mi primer día de trabajo ya me relacioné con todas mis compañeras. A medida que pasaban los días, ellas me ayudaban, me enseñaban a trabajar, a coger el metro. No me miraban por encima del hombro, me trataban como una de ellas. Y yo pensaba: “Yo soy igual que ellas, ¿por qué voy a tener que ir con la cabeza agachada?”. Empecé a arreglarme, me corté el pelo, me pintaba. Nunca lo había hecho.
Muchas veces miro para atrás y pienso en todo lo que me he perdido. Durante muchos años he vivido entre cuatro paredes, sin saber que este mundo existía.
Muchas veces cuando voy sola andando por el camino, pienso: “uy, me siento ligera, con ganas de vivir”. Me entra tanta alegría de decir: “Dios mío, he conseguido lo que nunca he tenido”.
No he salido de la pobreza todavía, pero he dado un paso adelante.”
Lola comparte su experiencia, y dice : “¿Por qué no me cogen para un trabajo si tengo dos manos? Nadie confía en ti, y te acabas marginando a ti misma. Mi hermana confió en mi y tuve un trabajo durante algunos meses. ¡Qué ilusión tener compañeras de trabajo!. Hubo un cambio radical en mi vida. Un trabajo es importante para uno mismo porque te encuentras con otros, te sientes útil.”
Beatriz habla de la ayuda que da a las personas drogadictas que le piden un vaso de agua o un café. Dice: “¿ por qué me voy a beber yo el café si puede calentar a otra persona que lo necesita?. Me siento útil con eso, me ayuda a mi. Ojalá el rico se diera cuenta del cariño que da el pobre”
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