Injusticias, injusticias….Hay tantos tipos de injusticias… No deberíamos meterlas todas en el mismo saco. Unas de ellas son prácticamente inevitables… ¿es justo acaso la enfermedad incurable de un niño, una malformación, un accidente fortuito, un terremoto? Debemos acostumbrarnos a que nuestro mundo conlleva muchas cosas injustas.

domingo, 10 de agosto de 2008

LA POBREZA EN ESPAÑA

Testimonios de tres madres de familias que viven en barrios de chabolas en Madrid

Como Lola dice : “No es lo mismo criarse en un barrio rico, que ya de por sí tienes un acento, una cultura y todos los medios, que en un barrio marginal que te hace ir con la cabeza agachada como con vergüenza, como que te sientes inferior a otra gente por tener menos y por vivir en ese barrio.”



Y Beatriz opina: “Vivo en un barrio donde hay mucha droga y tengo miedo de que mis hijos se pueden enganchar. Quiero lo mejor para mis hijos pues yo no sé leer ni escribir y creo que es importante. Vivo en un barrio en el que no puedo salir de mi casa, por la droga, pues si me voy de mi casa, me roban, se llevan todo lo que tengo y me dejan la casa destrozada. Siempre tiene que haber alguien dentro, mi casa sola no se puede quedar.

En mi barrio se ven muchas cosas pero aquí nadie te escucha. Todo el mundo sabe que hay mucha droga aquí pero se hacen los tontos, la quitan de la vía pública y la traen aquí que somos cuatro vecinos. Me da vergüenza decir que vivo en este barrio. Cuando fui al hospital con mi hija, dije : “vivo en un barrio de chabolas pero no vendo droga.”



Cuando Mercedes habla de los trabajadores sociales, dice: “Si además de no tener a nadie que te apoye, vas a pedir ayuda a la Asistente Social y te la niega, sabiendo las condiciones en que vivíamos en una chabola de madera y mi marido enganchado a la droga, me sentía muy sola. No tenía su apoyo y además tenía miedo de ir a verla y que me quitasen a mis hijos. Te anima más una charla con ella o que te invite a tomar café que recibir dinero”.



Lola añade: “Cuando pasamos tiempos muy difíciles en nuestra familia la solución que nos daban era quitarnos a los hijos, no confiar en nosotros, sus padres.

Nos gustaría que cuenten con nosotros como padres para buscar soluciones juntos y encontrar qué es lo mejor para nuestros hijos, para nuestras familias, que nos den un voto de confianza”.



Mercedes está trabajando ahora y vive en un piso. Pero su vida sigue siendo difícil. Dice: “Tengo 10 hijos. Aunque soy más rica que antes, y eso que no tengo nada, no he sacado a mis hijos de la pobreza, porque mis hijos no son ricos, ni yo tampoco. Antes vivía en una chabola de madera, no tenía para comer, mis hijos iban con zapatillas que me daban, a veces rotas, y me daba vergüenza. Sin embargo ahora, si no es un mes, es otro, cuando necesitan zapatillas yo se las compro, pero eso no quiere decir que yo haya sacado a mis hijos de la pobreza.

Pero sí que estoy orgullosa de sacar a mis hijos adelante aunque tengo que salir de casa a las cinco de la mañana para ir a trabajar. Quiero que mis hijos vayan con la cabeza alta.



Mi primer día de trabajo ya me relacioné con todas mis compañeras. A medida que pasaban los días, ellas me ayudaban, me enseñaban a trabajar, a coger el metro. No me miraban por encima del hombro, me trataban como una de ellas. Y yo pensaba: “Yo soy igual que ellas, ¿por qué voy a tener que ir con la cabeza agachada?”. Empecé a arreglarme, me corté el pelo, me pintaba. Nunca lo había hecho.

Muchas veces miro para atrás y pienso en todo lo que me he perdido. Durante muchos años he vivido entre cuatro paredes, sin saber que este mundo existía.

Muchas veces cuando voy sola andando por el camino, pienso: “uy, me siento ligera, con ganas de vivir”. Me entra tanta alegría de decir: “Dios mío, he conseguido lo que nunca he tenido”.

No he salido de la pobreza todavía, pero he dado un paso adelante.”



Lola comparte su experiencia, y dice : “¿Por qué no me cogen para un trabajo si tengo dos manos? Nadie confía en ti, y te acabas marginando a ti misma. Mi hermana confió en mi y tuve un trabajo durante algunos meses. ¡Qué ilusión tener compañeras de trabajo!. Hubo un cambio radical en mi vida. Un trabajo es importante para uno mismo porque te encuentras con otros, te sientes útil.”



Beatriz habla de la ayuda que da a las personas drogadictas que le piden un vaso de agua o un café. Dice: “¿ por qué me voy a beber yo el café si puede calentar a otra persona que lo necesita?. Me siento útil con eso, me ayuda a mi. Ojalá el rico se diera cuenta del cariño que da el pobre”

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